Shigeru Miyamoto

Resulta complicado ensalzar la imagen de Miyamoto por encima de lo ya establecido en torno a su figura. Acertadamente, es considerado el padre de los videojuegos modernos; franquicias tan representativas como Mario , Donkey Kong o The legend of Zelda , entre muchos otros, destacan como creaciones de este genio. Pero si algo puede decirse de él, además de su innegable talento para la creación de videojuegos legendarios, es su humildad.

Este japonés, nacido en Sonobe, Kioto, un 16 de noviembre de 1952, lleva a sus espaldas premios tan distinguidos como el BAFTA Academy Fellowship Award , el cual allanó el camino para que en 2012 se alzase con el premio español Príncipe de Asturias . Previamente, fue nominado para tan distinguida distinción, pero no consiguió los votos necesarios para ello debido al poco conocimiento del jurado en torno a su figura. De este modo, y aunque con unos años de retraso, se consiguió reconocer el ocio interactivo dentro del imaginario colectivo español.

Resulta llamativa la forma en la que se habla de la figura de Miyamoto, ya que la mayoría de críticos recalcan que su trabajo creativo queda reflejado bajo el nombre de narrador. Si no hubiera sido a través de los videojuegos, títulos imprescindibles como Star Fox , Super Mario , o la saga Zelda , habrían encontrado otras formas de llegar al público, ya sea a través de novelas, poesía, o cuentos para niños. Bien es cierto que estos videojuegos contienen una carga narrativa extraordinaria, y se han colocado como auténticos juegos de culto para toda una generación de jugadores.

En cuanto a la humildad de este autor, resulta llamativo cómo prefiere eludir los halagos y la exaltación de su figura más allá de su creación. Considera que es más apropiado que sus creaciones sean las alabadas, y no él. Más allá, con una de sus frases entra de lleno en el eterno dilema sobre si los videojuegos son sólo para niños o también para adultos. La frase es la siguiente “ Los adultos son niños, pero con la barrera social de no poder comportarse como ellos, sino con más ética y moral. Ningún juego sin ética ni moral podrá ser jamás un juego adulto”. Con esta idea, Miyamoto muestra cómo su creación, más allá de entretener, tiene un fin concienciador. Una característica más que añadir a su ya excelsa trayectoria.

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