La primera edición de Los Desastres de la Guerra

La guerra de la Independencia supuso una convulsión para España y para la sensibilidad de Goya. Son las fuentes documentales escritas las que aportan el conocimiento de los hechos pero también las fuentes gráficas y entre ellas, tiene primordial interés, los llamados "Desastres de la Guerra". 

En octubre de 1808, al retirarse las tropas francesas, después del primer sitio a la ciudad de Zaragoza, Palafox llama a Goya para que recoja escenas e impresiones de lo que allí ha sucedido. Goya -con sesenta años de edad- se traslada a la ciudad y en el viaje contempla desolado las consecuencias de la contienda.
 A partir de 1810 realiza las ochenta y dos planchas de la serie conocida como “Los desastres”, pero que inicialmente iba a denominar: «Fatales consecuencias de la sangrienta guerra en España con Buonaparte. Y otros caprichos enfáticos».  La Real Academia al cambiar el título buscaba la filiación con "Les Miséres et les Malheurs de la Guerre” publicada en París en 1633 por Jacques Callot, que era ya un referente universal. Además de las estampas de la guerra, había grabado sus famosos Caprichos, de manera que resulta más evidente el paralelismo entre ambos artistas.


Goya graba las planchas y realiza las pruebas de estado en 1810 pero ante las adversas circunstancias políticas que atravesaba el país prefirió esconder los cobres. Algunas pruebas de estado y tres ejemplares completos, uno de ellos el que regaló a su amigo, Juan Agustín Ceán Bermúdez -actualmente en el British Museum-, son las estampas conservadas anteriores a la primera edición. 


En cuanto al itinerario de los cobres, a la salida de Goya hacia Francia permanecieron en la Quinta del Sordo, pasando en 1828 a ser propiedad de su hijo Javier, quien los conservó guardados en cajas hasta su muerte, ocurrida el 12 de marzo de 1854. Las heredó el nieto del pintor, Mariano Goya, que pronto los malvendería, yendo a parar a manos del industrial madrileño Román Garreta. Hasta aquí las noticias son meras conjeturas –aunque con fuertes visos de verosimilitud–, puesto que no hay ningún documento que las avale fehacientemente. Es a partir de 1856 cuando Jaime Machén Casalins presenta una oferta al Ministerio de Fomento que no prosperó. No fue hasta el año 1862 que la Real Academia de San Fernando adquirió los ochenta primeros. En 1870 Paul Lefort dona a la Academia dos nuevas láminas hasta completar el total de las ochenta y dos que forman la serie, estas últimas no recogidas en la 1ª ed. de 1863. Actualmente se encuentran en La Calcografía Nacional donde se expone con carácter permanente una selección en el Gabinete Francisco de Goya.


Con motivo de esta exposición, la Biblioteca de la Universidad de Sevilla -poseedora de un ejemplar excepcional de la primera edición- pone en línea la digitalización de esta magnífica obra, a través de esta exposición virtual y de la exposición presencial en la que presentamos también,  junto a la valiosa edición encuadernada, la posibilidad de ver todos los grabados de la serie en una excelente edición facsímil custodiada también en nuestro fondo antiguo.

Goya grabó al aguafuerte más de doscientos cobres y pasó los últimos años de su vida dibujando constantemente. En “Los Desastres” se aleja de forma evidente de la tradicional representación de los conflictos bélicos en los que casi siempre se plasma el punto de vista del vencedor y casi nunca se recoge el sufrimiento del vencido. Es probable que el mismo Goya fuera consciente de la dificultad de venta, pues la estampa de fácil consumo era la que mostraba las batallas y héroes.


Con respecto a otras series de grabados, el pintor aragonés contó con menos medios materiales lo que implicaba una mayor complejidad a la hora de abordar la realización de Los Desastres. Ello se debió a la carestía que impuso la guerra y al hecho de que Goya ejecutó este trabajo por iniciativa propia, sin ningún tipo de apoyo económico. De hecho, los grabados nº 13, nº 14, nº 15 y nº 16 se realizaron reaprovechando dos planchas de cobre en las que previamente había grabado sendos paisajes. A todo esto hay que sumarle la escasez de resinas y barniz así como su mala calidad, que provoca falsos mordidos del ácido.

Los grabados presentan una gran innovación: la aguada. Se trata de la aplicación directa del aguafuerte sobre la plancha con un pincel sin que medie protección alguna. Es una técnica que proporciona tonos muy suaves que rompen la brillantez de los blancos pero sin trama alguna. 

Las 80 estampas están datadas entre 1810 y 1815, pero Goya no las organiza con rigor. Tradicionalmente se han establecido tres partes en la colección: los "horrores de la guerra" (2-47), el "hambre en Madrid" (48-64) y los "caprichos enfáticos" (65-80).  Pese a la existencia de dos numeraciones en las planchas, no es posible determinar con certeza qué criterios aplicó Goya en la ordenación de la serie.  Dentro de cada parte los temas se repiten, se alternan, se producen breves concatenaciones de imágenes reforzadas por los títulos, pero no siempre se sigue un orden metódico en el que se agrupen todas las estampas de un mismo tema. Parece como si Goya quisiera mostrar lo aleatorio que existe en la guerra.

Las razones por las cuales Goya no llevó a cabo una edición pudieron ser económicas y políticas. El coste podía valorarlo el pintor fácilmente porque el número de cobres era similar al de los Caprichos cuya venta resultó un fiasco. Goya realiza la última parte cuando la inestabilidad política se resuelve a favor del restablecimiento del absolutismo.  Debió ser muy consciente del peligro que podría comportarle la publicación de las estampas finales bajo el régimen de Fernando VII: al día siguiente de haber derogado la Constitución de Cádiz por el decreto publicado en Valencia el 4 de mayo de 1814, el ministro de Gracia y Justicia restableció el sistema de censura previa, volviendo a funcionar, asimismo, el Tribunal de la Inquisición. 

La estampación fue realizada en el taller de Laureano Potenciano aplicando los criterios de estampación vigentes en el último cuarto del siglo XIX. El sistema de estampación aplicado consistió en dejar tinta sobre la superficie de las láminas mediante entrapados, lo que generó efectos de veladuras ajenas a las pautas de la estampación natural propias de la época de Goya. Se alteraron, por tanto, los valores visuales pretendidos por el artista, basados en intensos contrastes de claroscuro.

Consta de portada hecha en litografía, una hoja de explicación y  80 láminas  numeradas.  Se realizó sobre papel avitelado ahuesado grueso y lleva la filigrana J. G. O. (José García Oseñalde) y una concha estilizada. La tirada fué de 500 ejemplares y se hizo con tinta de tono sepia. Se presentó al público en ocho cuadernos de diez láminas cada uno, con sus cubiertas de papel fino, gris, azul o amarillo, sobre el cual se puso el número de orden del cuaderno. Los ejemplares que se encuentran hoy suelen estar encuadernados.

En cuanto a las particularidades de nuestro ejemplar, encontramos una nota manuscrita en la guarda y una alteración en la secuencia de las estampas nº 10 y 36 producida probablemente en el momento de la encuadernación al llevar ambas el mismo título:  "Tampoco".

 Refiriéndonos a la nota manuscrita, es probable que el antiguo propietario se valiera de los catálogos de la Libreria Murillo de Madrid como podemos contrastar por la similitud de ambos párrafos, que reproducimos aquí.

"Obra notabilísima llena de novedad en los asuntos, originalidad en las figuras, fuego y fantasía en la composición, valentía y seguridad en el manejo, decisión y hasta finura en el dibujo: las  leyendas puestas al pie de cada una por el mismo autor, son concisas , ingeniosas y picantes, mostrando en su laconismo la idea fugaz que su mente concebía instantáneamente, y su mano escribía en poco más de un momento".

Los Desastres de la guerra : colección de ochenta láminas inventadas y grabadas al agua fuerte / Francisco de Goya y Lucientes. - Madrid : Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, 1863 (Biblioteca de la Universidad de Sevilla)

Gracias a este catálogo sabemos el autor del prólogo, Eugenio de la Cámara, secretario en ese momento de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. También el precio de la obra -200 reales-, en Agosto de 1877, fecha del número mensual del catálogo.

Boletín de la Libreria Murillo  Agosto 1877 y siguientes. (University of Toronto, Robarts Library)

 

CRÉDITOS