Aguafuerte y agua tinta (144x196 mm.)

Un cadáver sobre el suelo intenta incorporarse para escribir en un papel la palabra "nada". Detrás, en un ambiente oscuro Goya nos muestra un grupo de espectros o caricaturas que parecen gritar y acosar al cuerpo. A su lado izquierdo dibuja una figura velada que parece sostener un libro y una balanza.

Nos habla de la Razón, amparada por la Justicia y el Progreso, que se contrapone a las fuerzas de la oscuridad, representadas por un sombrío conjunto de rostros y figuras grotescas. Y en primer plano la imagen alegórica del Hombre, que ha padecido las míseras consecuencias de la guerra y  la restauración del absolutismo, y llega a la conclusión de la inutilidad de todo.

 

El título que Goya dejó inscrito en el ejemplar que regaló a Ceán Bermúdez fue "Nada. Ello lo dice", es decir, ahí está la prueba de que no hay nada; donde antes había luz ahora sólo hay muerte y oscuridad. La Real Academia de San Fernando en la edición que nos ocupa de 1863 lo modificará por "Nada. Ello dirá".

Lafuente Ferrari situó la estampa en un contexto histórico y personal "Tenemos que pensar que la guerra ya ha terminado y Goya, después de su ex abrupto antidevoto lanza, escupe mejor, su negación descreída y su desilusión de los hombres y de las esperanzas de justicia […] Goya se encara con la experiencia feroz por la que España acaba de pasar y se pregunta para qué ha sido todo ello, qué bienes o qué lecciones han podido aportar a los españoles los dolores pasados. La respuesta que encuentra dentro de sí mismo es dolorosa y amarga: para nada. Los hombres no aprenden"

Podemos interpretar también que el pintor pudo inspirarse en cuadros de Juan de Valdés Leal, como Finis Gloriae Mundi (1672, Hospital de la Santa Caridad, Sevilla), conocidos por él, y en otras representaciones que a lo largo de la Historia del Arte han reflejado el tema "las vanitas", el vacío del ser humano. Con más auge durante el Barroco este subgénero de la Naturaleza muerta lleno de simbología y alegorias, refleja la fragilidad y la brevedad de la vida ante la inevitabilidad de la muerte.

Nigel Glendinning ha propuesto una relación entre esta estampa y la última lámina del Teatro Moral ilustrado por Otto van Veen (Leiden, 1556-Bruselas, 1629) puesto que estima que ambas son una meditación sobre la muerte y tienen en común la recurrencia al cadáver y a la balanza de la Justicia. Además cree que el cadáver sostiene en su mano una corona que sería una alusión a la monarquía. Sin embargo, respecto a esta corona, otros autores hablan de una cesta de mimbre desecha que significaría el vacío y la esterilidad provocadas por la guerra.

Valeriano Bozal considera esta imágen con referencia a la Iglesia como las tres anteriores, y a la negación de una vida futura para el creyente.