Aguafuerte y agua tinta (144x189 mm.)

Un grupo de aristócratas vestidos con ropas anticuadas transportan, a hombros y de forma inestable, las imágenes de dos virgenes. 

Se establece una analogía con la estampa anterior, ambas imágenes representan una procesión que se tambalea. En un caso es llevada por un asno y aquí por un grupo de ancianos, lo ridículo de ambas escenas deja clara una actitud crítica y sarcástica hacia la irracionalidad religiosa entendida a través del culto a las reliquias, las procesiones, las ofrendas y los exvotos.

Las imágenes que portan serían Nuestra Señora de la Soledad, a la que se rezaba por la salud del monarca, y la Virgen de Atocha a la que éste encomendó el país cuando abandonó el trono en 1808. Dichas imágenes fueron procesionadas por la capital en los años siguientes, así como el cuerpo de la beata Mariana de Jesús, mercedaria descalza beatificada por Pío VI en 1783, que estaría representada en la estampa anterior "66. Extraña devoción".

 

Lafuente Ferrari  indica que Goya hace alusión a la restauración de tradiciones que impuso la llegada de Fernando VII "obviando la Constitución de Cádiz e instaurando el antiguo régimen".