Escapan entre las llamas

Aguafuerte, agua tinta y punta seca (133x198 mm).

Algunos especialistas piensan que esta escena pueda reflejar alguna de las comunes explosiones que sufrió la ciudad de Zaragoza, cuyo asedio supone uno de los episodios más conocidos del conflicto. Allí acudió Goya, llamado por el general Palafox en 1808, para retratar el estado en que había quedado la ciudad tras la caída sistemática de bombas por parte de la artillería francesa. No fue el único, pues también asistieron otros artistas como Juan Gálvez o Fernando Brambilla, quienes publicaron sus estampas en Cádiz entre 1812 y 1813, con una gran celeridad si tenemos en cuenta que, para esa fecha, Goya apenas había comenzado su trabajo.

La visión de esta triste realidad afectó especialmente a nuestro artista, quien confiaba en que los franceses trajeran a España una renovación y una nueva mentalidad ilustrada y civilizada. Nada más lejos de la realidad, allí comprendió la triste verdad, pues la guerra en que desembocó la llegada del rey Napoleón le mostró que el hombre es lobo para el hombre, más allá de ideologías y posiciones políticas.

En esta escena, observamos que se acaba de producir un incendio, seguramente como consecuencia de una de esas explosiones que sufrió la capital aragonesa. A lo lejos, vemos bajo la nube de humo algún que otro cadáver, por los que no se puede hacer ya nada. De entre las llamas, escapan no obstante algunos supervivientes, los que pueden por sus propios pies y los que no, ayudados por otros: una mujer con los pechos al aire, inconsciente, es llevada por dos hombres; junto a ellos, un hombre, cual Anquises, lleva a un anciano sobre sus hombros, mientras que en el suelo otro clama al aire con los brazos abiertos esperando que alguien le asista.