Aguafuerte y aguatinta ( 121 x 186 mm.)

Estamos ante otro de los dramas de la guerra, el de aquellos que optaron por el exilio, en este caso los afrancesados, cuya inseguridad fue creciente. Llaman la atención las bayonetas anónimas que asoman por la derecha, y que van a acabar con las vidas de los protagonistas del grabado a pesar de sus súplicas y de la presencia de una niña. 
El espacio es interior, una especie de cueva donde se refugiaban las gentes y, en este caso, convertida en una trampa de donde es imposible  escapar.

En el centro de la escena vemos una figura completamente cubierta que sujeta entre sus brazos a un niño y a su lado un hombre de rodillas que junta sus manos con los dedos entrelazados en señal de oración.

Alrededor de los señores se encuentran los criados y la figura encapuchada que se ocupa de atender a la niña de la casa que, llorando, se refugia en su regazo.