Aguafuerte y aguatinta (126 x 156 mm.)

Escena de ahorcamiento, en la que tres verdugos suben de espaldas por una escalera de madera a un reo. Un fraile dirige palabras piadosas al condenado. Detrás se balancean los cuerpos de dos ahorcados que acaban de ser ajusticiados.  A la derecha, algo más atrás, varios hombres preparan a otro reo.

Supone Mélida, si puede ser la matanza de franceses dirigida en Valencia por el canónigo Calvo. Eleanor Sayre, al igual que Mélida, Brunet o el Conde de la Viñaza coinciden en que esta escena representa un hecho que tuvo lugar en la guerra, las ejecuciones que se llevaron a cabo en Valencia en 1808, en las que los españoles asesinaron a más de trescientos franceses residentes acusados de colaborar con los enemigos. Sin embargo Dérozier cree que este grabado podría ser una recreación de los ajusticiamientos de españoles que colaboraban con los franceses.

La presencia del fraile, de rostro un tanto caricaturesco, que sin ningún convencimiento pretende reconfortar al reo con la vida eterna mientras señala al cielo, fija su mirada en el crucifijo que sostiene fuertemente con los dedos entrecruzados.

A principios de 1809 se publicaron dos decretos directamente relacionados con esta estampa. En el primero se establecía un tribunal para castigar a todo aquel que fuera "gancho, así de soldado como de paisano para el servicio de nuestros enemigos". La pena sería la horca si fuese paisano "o la de ser pasado por las armas si fuere militar". En el segundo, de 16 de febrero de 1809, se establecía en Madrid una Junta Criminal extraordinaria que entendería sobre "los asesinos, los ladrones, los revoltosos con mano armada, los sediciosos y esparcidores de alarmas, los espías, los reclutadores en favor de los insurgentes, los que tengan correspondencia con ellos, los que usen de puñal o rejón, convencidos de reos de cualquiera de estos crímenes, serán condenados en el término de veinticuatro horas a la pena de horca, que se ejecutará irremisiblemente y sin más apelación".