Aguafuerte, aguatinta y punta seca (136 x 187 mm.)

Una mujer en pie, sola, sobre un montón de cadáveres. hace fuego con su cañón, prendiendo su mecha.

La defensa de las puertas de Zaragoza fue confiada principalmente a la artillería, pero en los ataques de los días 2 y 15 de julio algunos cañones fueron alimentados y disparados por mujeres al haber muerto todos los artilleros. Estos actos tuvieron que ser conocidos por Goya cuando se trasladó allí para documentarse.

Si rápidamente fueron decantándose los héroes militares, también se necesitaba la consagración de los populares con los que pudieran identificarse los paisanos. Aunque algunos autores se resistieron a individualizar, y entre ellos hay que situar a Goya, la heroína por excelencia fue Agustina de Aragón, una moza robusta. El pintor la conoció y retrató, pero identificarla con esta imagen es limitar su significado. Esta joven de espaldas, de buen talle y esbelta figura, no es un retrato, aunque en un principio pudo serlo: en el dibujo preparatorio que se conserva en el Museo Nacional del Prado la mujer está de frente, con los pies dispuestos de forma que parece avanzar. 

Sorprendió "...la serenidad con que semejantes heroínas se presentaron en medio del fuego, tomando algunas la mecha y aun tizones en su defecto haciendo las veces de los artilleros".

Memoria de lo más interesante que ha ocurrido en la ciudad de Zaragoza... (Madrid, 1808)

La clásica composición, concebida como un triángulo cuyo vértice superior se sitúa en la cabeza femenina, transmite calma, tranquilidad; nada hace referencia a la violencia que se vivió en la defensa del Portillo, donde Agustina consumó su hazaña. La luz ilumina los muertos, el vestido y la mano de la mujer, y la boca del cañón. Los cuerpos no pierden su dignidad por servir de apoyo a los pies, pequeños y delicados, que se asientan con firmeza.