Las mugeres dan valor

Aguafuerte y aguatinta (135 x 186 mm.)

Lucha desesperada de dos mujeres con dos soldados enemigos.

En esta escena y la siguiente Goya nos introduce en la dramática participación de las mujeres. La escena se resuelve en un único plano, donde se desarrolla una lucha cuerpo a cuerpo innoble por parte de los militares. Es muy probable que su referente inicial se encuentre en los sucesos de Zaragoza.

 Poco después estos relatos podrían aplicarse a cualquier ciudad. Por la real orden dada en el Alcázar de Sevilla el 12 de febrero de 1809 se exhortaba a hacer frente al enemigo construyendo y alistando picas y chuzos, o valiéndose de palos y piedras "en defecto de otras armas", pues todas eran útiles cuando se trataba de "defender su propia casa". La implicación en la lucha puso en cuestión el discurso patriarcal que había prevalecido en las relaciones de género de la época, pero su comportamiento reforzó en muchas ocasiones la consideración que existía de su naturaleza irracional.

"...las piadosas mujeres" se mostraban agitadas "por las calles y balcones" y "prevenidas con cal, piedras y hierros", dispuestas a la más vigorosa defensa. Algunas "corrían con sus hijos a cuestas para atender a los que estaban luchando"; otras, armadas como "el resto de los paisanos",  caminaban a la pelea, mientras que en muchas casas "acopilaron ladrillos y piedras" por si llegaban los franceses, para "defenderse y morir matando, haciendo de cada casa un fuerte inexpugnable..."

Memoria de lo más interesante que ha ocurrido en la ciudad de Zaragoza (Madrid, 1808)

De las tres mujeres, la última es la única que muestra su desconsolado rostro mientras atraviesa con el sable a su enemigo.