Aproximación al estudio de la cartografía grecolatina.

Rastreo de sus huellas en los fondos antiguos de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla

En opinión de Pietro Janni, un prestigioso especialista en cartografía antigua,  las diferencias entre la cartografía grecolatina y la nuestra obedecen a razones que, más allá del mero procedimiento de representación gráfica del espacio, deben buscarse en la propia forma de concebir mentalmente el mismo en las sociedades antiguas.  Según Janni, en ellas predominaba una concepción general del espacio denominada "hodológica" --por el vocablo griego hodós, camino: el espacio se concibe de modo lineal, unidireccional y unidimensional, y su representación depende de la experiencia personal de quienes lo recorren. Es, por tanto, un espacio vivido.

Ello no significa que no se dieran ya en la Antigüedad pasos hacia la representación cartográfica bidimensional, pero la impronta itineraria no se consiguió superar. Las antiguas representaciones  simbólicas de vastos espacios carecen todavía de finalidad práctica. Aparecían motivos relevantes, como localidades importantes, rutas ancestrales, etc., y, sobre todo primaba sobre la carta la descripción escrita. El griego hasta carece de un término preciso para designar el concepto de "carta náutica". De hecho, las primeras cartas náuticas no son antiguas, sino bajomedievales.

Pero igual que en muchos otros ámbitos de nuestra herencia cultural, las consecuencias de esta forma de concebir el entorno no se han desvanecido del todo. Dos indudables rasgos hodológicos perviven  en algunos mapas de los mapas presentes en el Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. En el primer caso, a la hora de construir la imagen cartográfica de un territorio, el geógrafo antiguo introducía como principio de ordenación la evocación de figuras (schematta) muy conocidas entre sus interlocutores. Se trata de un procedimiento antiquísimo, recomendado por Estrabón, quien propugna el recurso a figuras geométricas o de otra índole (piénsese en su descripción de la Península Ibérica como piel de toro), y no abandonado en la actualidad (cuando se compara a Italia con una bota, por ejemplo) completamente. Heredero de ese hábito , desvinculado ya de su virtualidad originaria, el jesuita Fabiano Strada inaugura el primero de sus dos volúmenes consagrados a las guerras de Flandes con un conocido mapa de los Países Bajos en forma de león.

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Famiano Strada (S.I.) (1572-1649). Famiani Stradae... De bello Belgico decas prima ab excessu Caroli V Imp. an. MDLV usque ad initia praefecturae Alexandri Farnesii Parmae, ac Placentiae ducis an. MDLXXVIII. Romae : Typis Francisci Corbelleti, 1632.  BUS A 151/093

La escasa nómina de noticias sobre mapas de época greco-latina, y su aún más escaso catálogo de restos fuera de sospecha, se alzan como advertencias de un previsible desajuste entre la naturaleza y utilidad de éstos y las de los mapas modernos. Por otra parte, es unánime el silencio que guardan los textos antiguos sobre cualquier uso práctico de una cartografía esencialmente teórica. El hombre antiguo mostró clara predilección por la palabra escrita, es decir, por narraciones de corte periplográfico o itinerario. Tal cúmulo de singularidades, interpretadas como anomalías por quienes, desde la óptica tradicional, entienden la cartografía como simple antesala de la nuestra, que sólo la supera por su más lograda técnica,  han sido objeto de estudio por el ya citado P. Janni. Concretamente, Janni ha llamado la atención sobre el hecho de que el silencio de las fuentes antiguas sobre el uso práctico de aquellos mapas es especialmente clamoroso en el ámbito de la náutica y las operaciones bélicas. Hay testimonios de la desconfianza que generaba en el campo militar el uso de cualquier diseño gráfico, y Janni saca a colación el ejemplo del recurso del poeta Crinágoras de Mitilene al Periplo de su amigo Menipo de Pérgamo, en lugar de ningún mapa, como guía a utilizar en un viaje a Italia.

El segundo de los rasgos hodológicos que encontramos en los testimonios cartográficos de nuestros fondos antiguos es consecuencia de uno de los yerros más comunes en los que incurre todo viajerio, sea cual sea su época: la tendencia a aproximar cualquier recorrido a la línea. Antiguos y modernos son incapaces de valorar en su justo término los cambios direccionales que sufre cualquier ruta, de ahí que se tenga la impresión de que los diferentes puntos de un camino se alinean rectamente, por más que en la realidad sus posiciones sean más o menos divergentes. Son  abundantíssimos los casos en los que los geógrafos modernos siguen siendo víctimas de este desenfoque, pero aquí nos interesa subrayar sus precedentes antiguos. Nos referimos a casos como el del curso de los ríos o las cadenas montañosas, interpretados como rectilíneos. Como consecuencia de ese "vicio", paralelos y meridianos alinean de forma artificial los principales puntos de viejas rutas por mucho que difieran sus verdaderas coordenadas. Esta tendencia se hace patente de manera especial en la delineación de las costas, dado que los antiguos carecieron por completo de la facultad de percatarse de la entidad real de golfos y cabos. La consecuencia es que sus descripciones suelen confundir lo cóncavo y lo convexo, sobrevalorar o minusvalorar entrantes y salientes. Lo que para nosotros es un inmenso trecho de mar (todo el Mediterráneo occidental hasta las costas tirrenas) para los antiguos (Plinio, Mela) es sólo un golfo. A la inversa, lo que hoy destaca como una de las más evidentes penínsulas (el Decán), para Tolomeo es prácticamente desconocida, ya que ésta apunta frente a una descomunal  isla de Trapobana (Ceilán)

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Tolomeo. Liber Geographiae cum tabulis libri octo. Venetiis : per Iacobum Pentium de Leucho, 1511.  BUS A Res. 01/4/01(2)

El resultado es que el trazado costero se esquematiza: como ríos y montes, también el litoral tiende a ser representado de forma asemejada a la línea. Un caso muy llamativo es el diseño de la fachada mediterránea africana, cuyos accidentes principales (las dos Sirtes, es decir, nuestros golfos de Sidra y de Gabes) se conciben de forma equívoca y se minimizan, un error que perdura hasta Tolomeo, tal como puede comprobarse en la imagen siguiente.

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Tolomeo. Liber Geographiae cum tabulis: Libri octo Venetiis: per Iacobum Pentium de Leucho, 1511 
BUS A Res. 01/4/01(1)

Pero es posible seguir el rastro de esta tendencia hasta épocas muy recientes: entre nuestros fondos cartográficos antiguos lo acusa con claridad todavía el mapa del Patriarcado de Constantinopla que presentamos a continuación, que el jesuita Adrian Daudé incluye en el primer tomo de su historia romana. En él se observa la simplificación cuasilineal de las costas septentrional y, especialmente, meridional de Anatolia, a resultas de lo cual el esquema de dicha península rememora, sorprendentemente, su antiguo aspecto, reflejado en la primera tabla asiática de Tolomeo, tal como muestra, por ejemplo, su ya mencionada edición veneciana de Bernardo Silvano, conservada en nuestra Biblioteca. 

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Historia vniuersalis et pragmatica Romani Imperii, regnorum, provinciarum ... / authore P. Adriano Daude S.J. ... ; tomus II, pars prima, continet historiam saeculi quarti & quinti. Wirceburgi, 1751.  BUS A 028/102 Tomo II

Pero la herencia recibida de la Antigüedad en el ámbito de la geografía y la cartografía no se limita a esas pervivencias. Una y otra forman parte de todo ese bagaje cultural clásico que sustenta nuestro mundo actual, al que ha arribado, con más o menos fortuna e interferencias, a lo largo de los siglos. Así, al margen de ciertas incongruencias con los escritos sagrados, la vieja teoría griega de la esfericidad de la tierra se mantuvo a lo largo de la Edad Media desde los primeros padres de la Iglesia. En 1220 el astrónomo y matemático inglés Juan de Sacrobosco (John de Hollywood) consagra y divulga esta teoría en su célebre "Tratado sobre la esfera", convertido muy pronto en el manual de iniciación a la Astronomía por excelencia, que conoció infinidad de copias, comentarios, correcciones y actualizaciones y estuvo en uso hasta el siglo XVII. En uno de esos comentarios posteriores (Compendio sobre la Esfera) el humanista italiano Giovanni Piero Valeriano Bolzani (1477-1558) reaviva toda la polémica antigua relacionada con la forma esférica del mundo, su división en cinco zonas climáticas y el trazado de la elíptica. Como ilustración de dicha polémica incluye, en la edición parisina de 1556, una figura muy esquemática de la tierra que, aunque con ciertas concesiones a los nuevos descubrimientos, es casi un calco de la manejada por sus modelos griegos.

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Joannes de Sacro Bosco, fl. 1230. Sphaera Ioannis de Sacro Bosco emendata ; Eliae Vineti Santonis Scholia in eandem Sphaeram ab ipso authore restituta. Adiunximus huic libro Compendium in Sphaeram per Pierium Valerianum Bellunensem. Et Petri Nonii Salaciensis Demonstrationem eorum... eodem Vineto interprete. Lutetiae : Apud Gulielmum Cauellat..., 1556.  BUS A Res. 28/3/05

A veces se mantienen vivos los vestigios de algunas interpretaciones muy concretas de la antigua teoría esférica. La representación cuatripartita del globo terráqueo dividido por un Océano en forma de cruz, que preconizara Crates de Malo a mediados del siglo II a.C. estaba llamada a tener gran fortuna, ya desde época romana. El esquema gráfico resultante de tal interpretación geográfica fue tan profusamente divulgado a lo largo de la Edad Media que constituye uno de los cuatro tipos en los que se clasifican los mappaemundi de la época, concretamente el conocido como "tipo zonal". Se trata de la representación de los dos hemisferios conocidos de Crates, rodeados ahora por el océano, a los que se aplica el tradicional esquema griego de las cinco zonas climáticas, con la novedad de que la zona ecuatorial o tórrida, inhabitable, queda dividida en dos por una corriente oceánica. Los dos extremos polares excluyen también la habitabilidad humana, que se limita a las dos franjas intermedias (zonae temperatae), una conocida, la septentrional, y otra ignota, la meridional, sede de los supuestos "antipodes". Ioannes Eschuid (John de Eschenden) incluyó una reproducción de este esquema en su conocido tratado impreso en la ciudad de Venecia en 1489: en su mapa hay una particularidad, que es la inclusión de la rosa de los vientos.

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Ioannes Eschuid. Summa astrologiae iudicialis de accidentibus mundi. Venetiis : Johannes Lucilius Santritter : [typ. Hieronymi de Sanctis] : impens. Francisci Bolani, 7 julio, 1489.  BUS A 336/083

Pero la época en la que la moderna cartografía acusa una mayor deuda respecto de sus predecesores grecolatinos coincide con la divulgación en Occidente de la obra de Tolomeo durante el siglo XV. Su primera traducción latina data de comienzos de siglo, aunque la latinización de sus mapas tuvo que esperar todavía unos años. La demanda general de mapas tolemaicos en las cortes europeas motivó que muchos humanistas se consagraran a su revisión, actualización (las Tabulae novae creada bajo el patronazgo de Pio II) y desarrollo. Con la década de los setenta, Tolomeo arriba a la imprenta. La edition princeps (Venecia, 1475) carecía de mapas, pero no así las tres siguientes: Bolonia (1477), Roma (1477-1478) y Ulm (1482).

La influencia de la cartografía tolemaica fue de tal calibre que motivó el nacimiento de un quinto tipo de mappaemundi, el llamado transicional, que se beneficiaba ya de las mejoras que aportaban los portulanos contemporáneos. .Mapas de este tipo, fieles al patrón del geógrafo alejandrino, empezaron a usarse como ilustraciones de la Corografía de Pomponio Mela. En la edición salmantina de Mela, debida a Francisco Núñez de Yebra, se incluye un mapa de inspiración tolemaica pero con un diseño muy esquemático. 

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Pomponio Mela. Cosmographia, sive De situ orbis. Cum annotationibus Francisci Nunnis de la Yerva.  Salmanticae : [Typ. Nebrissensis: "Gramatica" (Haeb. 470)], 1498. BUS A 335/022

Ese mapa es un simulacro de proyección cónica que recuerda en todo momento el contemporáneo mapa del mundo que ofrece la famosa Crónica de Nuremberg del humanista alemán Hartmann Schedel (1493). Todo ello debe entenderse  como resultado del paulatino empeño de actualización de la obra de Mela y de su adecuación a los nuevos descubrimientos, hasta el extremo de conciliar, casi un siglo después (Amberes, 1582) el diseño del geógrafo latino con el novísimo esquema orteliano, según se reconoce explícitamente en el siguiente mapa, incluido en la edición de Andreas Schott.

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Pomponio Mela.  De situ orbis libri tres.  And. Schottus antuerpianus recensuit et spicilegio illustrauit ; additae Hermolai Barbari veneti & Fredenandi Nonij pintiani Castigationes. Antuerpiae : Ex officina Christophori Plantini, 1582. BUS A Res. 20/3/18(1)

Al menos hasta la primera mitad del siglo XVI, el esquema de Tolomeo siguió siendo el patrón cartográfico por excelencia. Ni siquiera el descubrimiento de América ni los de los intrépidos navegantes portugueses, ocasionan su relevo. Muy al contrario, será el diseño tolemaico el beneficiario de estos nuevos datos, que lo actualizan y garantizan su vigencia. Un ejemplo muy claro de la nueva forma que éste adopta ahora lo ofrece el conocido mappamundi del cartógrafo alemán Martin Waldseemüller: se representa América, cuyo nombre se usa por primera vez, el Índico no aparece ya como un océano cerrado en su flanco sur, y se esbozan la forma de Indochina y las islas del Pacífico. En la Biblioteca de la Universidad de Sevilla se custodia un famoso isolario, el de Benedetto Bordone, en el que aparece un mappamundi que recuerda el modelo de Waldseemüller.

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Benedetto Bordoni, m.1539. Isolario di Benedetto Bordone nel qual si ragiona di tutte l'Isole del mondo... ; con la gionta del Monte de Oro novamente ritrovato ; con il breve del Papa. Vinegia : per Nicolo d'Aristotile, detto Zoppino (1534). BUS  A Res. 28/2/07

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