El tiempo de los ciegos

La imprenta de las últimas décadas del siglo XVII y hasta la primera mitad del XVIII -en Sevilla como en el resto de España- pasa probablemente por sus peores momentos. Muy mermado el ámbito de la prensa política, que es competencia casi exclusiva de la Corte a partir de la aparición de la Gazeta Nueva oficial en Madrid (1661), a las imprentas de provincia como la sevillana no les queda más remedio que refugiarse en el espacio de lo local basicamente: opúsculos relativos a la oratoria sagrada tan celebrada en estas postrimerias del Barroco y relaciones de fiestas. El término "relación" de hecho parece identificar cada vez con más exactitud el formato extenso de la relación de fiestas, muy alejado por tanto de aquel primer canon de la relación de sucesos que proponíamos en otro lugar de esta muestra.

La coyuntura política excepcional de los primeros años del XVIII sin embargo había dado un repentino y efímero brío a las prensas, gracias tanto al interés informativo suscitado por la Guerra de Sucesión como por la relajación inevitable, en tiempos de conflicto, de los mecanismos de control político impuestos sobre los impresores.

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