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“Esta figura de un nopal está de todo punto cultibado y la cochinilla a ejambrado bien y ansí están los yndios goçando de su cosecha”: [Producción de la grana o cochinilla]. [1620].- Dibujo manuscrito, colores a la aguada, sobre papel; 28,7 x 21 cm. AGI (MP-Estampas, 70). La grana cochinilla o cochinilla del carmín, cuyo nombre científico es dactylopius coccus, es un insecto americano que se alimenta de la savia de plantas cactáceas, fundamentalmente la opuntia, denominada popularmente nopal, tuna o chumbera. Tras su procesamiento, que implica su cría, recolección de las hembras, secado, tueste y molido, se obtiene un tinte no tóxico y muy efectivo, que según su tratamiento aporta coloraciones que oscilan entre el amarillo y el pardo oscuro, aunque lo más habitual es la obtención de un rojo intenso, el carmín. Conocido y utilizado ya por los pueblos precolombinos, que lo denominaron nocheztli, supuso una revolución textil y comercial en la Europa Moderna, hasta el punto de ser considerado uno de los productos más preciados. Ya el franciscano Bernardino de Sahagún reconocía a mediados del siglo XVI las virtudes y el interés comercial que despertaba esta cochinilla, de ahí que los españoles se preocuparan por controlar su producción y envío al Viejo Mundo para abastecer la pujante industria textil. Su explotación se centró en el virreinato de Nueva España y, en particular, en las regiones de Puebla, Tlaxcala y Oaxaca, aunque existen referencias de su recolección en distintas zonas de América central y meridional. Respecto a su cultivo, producción y comercialización por los españoles, su exportación a la Península Ibérica alcanzó cotas próximas al interés que despertaron los metales preciosos. Las autoridades coloniales se cuidaron muy mucho de explotar este recurso, partiendo de su recolección por los indígenas y su gestión y comercialización a nivel local, aunque fue Veracruz la que concentró su exportación a Europa. Este sistema, basado en repartos forzosos de cultivos a pueblos autóctonos y en la gestión colonial de su comercialización, dejó pingües beneficios a las autoridades y a los mercaderes al por mayor, aunque como contrapartida permitió cierta autonomía y solvencia a las poblaciones indígenas y el desarrollo económico de las regiones productoras. Esta ilustración acompaña a una "Relación del benefficio que se ha de haçer a la planta de los nopales de la grana cochinilla y cómo se ha de matar y veneficiar", remitida al Consejo de Indias por Juan de Soria el 29 de abril de 1620 y en la que se detalla la técnica de su cultivo y explotación en las provincias de Tlaxcala y Yucatán[1]. Sánchez Silva, Carlos y Suárez Bosa, Miguel. Evolución de la producción y el comercio mundial de la grana cochinilla, siglos XVI-XIX. En Revista de Indias, vol. LXVI, núm. 237 (2006), pp. 473-490. Autor comentario: Antonio Sánchez de Mora. |