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Francisco Álvarez Barreiro. “Plano Topográfico y Hidrográphico de el Puerto de Acapulco, de su poblado y Real Fuerza de San Diego situado en la costa de el Mar del Sur de la Nueva España en los 16º y 40 minutos de Latitud Boreal y en los 268º y 47 minutos de Longitud al respecto de el Meridiano de la Isla de Thenerife”. [1730].- Plano manuscrito, colores a la aguada, sobre pergamino; 41,5 x 46,5 cm. AGI (MP-México, 125). El hallazgo del paso hacia el Mar del Sur por parte de Magallanes planteó la necesidad de encontrar una ruta alternativa a la portuguesa para regresar a las Indias occidentales. Sin éxito lo intentarán García Jofré de Loaysa (1525) partiendo desde Galicia, o Álvaro de Saavedra Cerón (1527) y Ruy López de Villalobos (1542), estos últimos iniciando la travesía desde México. Por fin en la expedición de Miguel López de Legazpi que en 1565 sale también de Nueva España rumbo al archipiélago de San Lázaro, el piloto y misionero agustino Andrés de Urdaneta, ascendiendo al paralelo 40, encuentra la ruta del tornaviaje y abre la nueva e importante línea comercial entre Manila y el puerto mexicano de Acapulco que perdurará hasta 1814. La nao de China o galeón de Acapulco cargará con productos muy codiciados, convirtiendo a este puerto en referente comercial del Pacífico novohispano, al igual que lo era el de Veracruz en el Atlántico. Del mismo modo que otras tantas poblaciones costeras, máxime con la importancia económica que presentaba, Acapulco tendrá que reforzar su posición con una fortificación que complemente a las escuadras navales destinadas a la defensa de las expediciones y litorales. Ya en 1615 una flota holandesa intentó penetrar en la bahía, lo que provoca que el virrey marqués de Guadalcázar ordene levantar un castillo al ingeniero Adrián Boot, que se encontraba en México trabajando en las obras de desagüe de la capital, comenzándose a levantar a finales de 1616. Este castillo de San Diego no tenía planta regular y en su origen mostraba en su traza cinco bonetes; al estar muy dañado a causa del terremoto de 1776 hubo que modificar su estructura, labor que realizó el ingeniero Miguel Constanzó, aunque el proyecto final fue alterado por Ramón Panón, terminándose en 1783. Este plano es uno de los conservados en el Archivo General de Indias en los que se puede ver la fortaleza de Acapulco y uno de los mejores que se conocen sobre el mismo. Remitido por el Virrey Marqués de Casa Fuerte con carta fechada el 2 de marzo de 1730, en la misiva el Virrey refiere respecto al castillo que "aunque tiene algunos defectos de regularidad, su fortificación es mui capaz para defenderse de cualquiera insulto o ataque, que se ofrezca, y nunca parece que podrá temerse grande, porque deuiendo venir los enemigos por la Mar del Sur, sería cosa mui remota y rara el que tragesen fuerzas suficientes para rendir esta fortaleza"[1]. Aunque no está firmado, por su similitud con otros planos remitidos en similar fecha por el Virrey[2], parece que puede atribuirse al ingeniero Francisco Álvarez Barreiro, quien representó no sólo el puerto, bahía, población y fuerza de Acapulco, sino incluso la famosa ceiba donde solía amarrarse el galeón de Manila. Calderón Quijano, José Antonio. Las fortificaciones españolas en América y Filipinas. Madrid, Fundación Mapfre, 1996. -- Calderón Quijano, José Antonio. Historia de las fortificaciones en Nueva España. Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1984. Autor comentario: Manuel Álvarez Casado. |