Fernando de Cepeda: Relacion vniuersal, legitima y verdadera del sitio en que esta fundada la muy noble, insigne, y muy leal ciudad de Mexico, cabeça de las Provincias de toda la Nueva España…  dispuesta, y ordenada por el licenciado don Fernando de Cepeda... y don Fernando Alfonso Carrillo... Mexico. Francisco Salbago, ministro del S. Officio, 1637. -  4 pt. ([2], 31; 42 [i.e. 41], 28; [1], 11 [i.e. 12] h.; h. 29-39); Fol.

Procedencia: USAL (BG/29492); AGI; UVEG.

La decisión de Hernán Cortés de fundar la capital de Nueva España sobre la antigua  e imperial Tenochtitlan, entrañaba –al margen de su carga simbólicaserios riesgos de inundaciones y, en consecuencia, cuantiosos gastos para frenar las crecidas de la laguna sobre la que estaba asentada. En efecto, “el sitio de la ciudad es el peor que se pudo escoger, y el que mas azares tiene en la tierra. Y como tenian aquí la caueça y fuerça los indios, pareciole al Marques Don Fernando Cortez quitarsela y poner aquí la de los españoles”.

A pesar de todo, la ciudad colonial de México prosperó y aunque hubo que hacer frente a varias inundaciones, la situación climática fue relativamente favorable durante años, en los que se pudieron reparar las antiguas albarradas, crear nuevas, edificar puentes de madera y habilitar desagües y sumideros.  Pero el 20 de septiembre de 1629, se cuenta que el cielo se ennegreció como nunca y un cúmulo de nubes se agolparon sobre la capital. Durante treinta y seis horas el agua cayó sobre la ciudad de México y la tranquila vida colonial fue trastocada. La inundación se cobró treinta mil víctimas entre los indios, desalojó a cerca de veinte mil familias españolas y la lluvia anegó la urbe durante cinco años. Cuando las aguas regresaron a sus límites naturales, la capital de Nueva España sólo contaba con cuatrocientas familias. Felipe IV llegó a considerar la posibilidad de cambiar de lugar a la capital y fundarla nuevamente en tierra firme. Sin embargo, las autoridades virreinales y las pocas familias fieles a la ciudad rechazaron la idea y, al igual que Cortés en 1521, comprendieron la importancia simbólica del lugar y decidieron luchar contra las aguas. 

La obra expuesta fue escrita ocho años después de esta terrible inundación, por orden de Lope Díez de Armendáriz, virrey de México. Sus autores fueron Fernando de Cepeda, relator de
la Real Audiencia, y Fernando Alfonso Carrillo, escribano mayor del cabildo. Tal como describe el subtítulo, se estudiaron Lagunas, rios y montes que la ciñen y rodean. Calçadas que las dibiden. Y azequias que la atrauisean. Ynundaciones que â padecido desde su gentilidad. Remedios aplicados. Desagues propuestos, y emprendidos. Origen y fabrica del de Gueguetoca, y estado en que oy se halla. Ymposiciones, derramas, y gastos que se an hecho. Forma con que se á auctuado [sic] desde el año de 1553 hasta el presente de 1637.

En efecto, estamos ante el memorial de las obras de ingeniería que se abordaron para domar el agua de México y sus contornos, los costes y la mano de obra utilizada, así como de las sucesivas cédulas reales, órdenes y cartas cruzadas con España. Todo ello en el marco de las periódicas inundaciones sufridas tanto en período azteca, cuando se construyeron el “albarradón” y los primeros diques, como en época colonial, de la que resaltan las crecidas de 1553, 1607 y, finalmente, la de 1629.

Sin duda el estudio requirió una ardua labor de documentación “por andar [los papeles] tan diuididos, ocultos y destroçados”. La empresa, no obstante, merecía la pena, pues según Juan Albares Serrano, oydor de la Real Audiencia y encargado de la corrección final, además de que el mundo conocería con ella lo que los españoles habían hecho en México hasta ese momento, “con memorial tan cumplido, y trabajado con tanta atencion, intelligencia y puntualidad, se podra vltimamente deliberar lo que más conuenga en materia tan grave, que hasta oy a consumido tanto tiempo, dinero, y gente, y apurado tantos discursos”.

Dividida en cuatro partes, cada una con paginación propia y apostillas en los márgenes, resaltan en la obra los escudos real y heráldicos de la portada, que denotan su naturaleza oficial.

CCPB000042693-8. - CID CARMONA. Impresos mexicanos, 49. -  MEDINA, La imprenta en México, II, 484. - PALAU, 51558.

Lucena Giraldo, Manuel. A los cuatro vientos: las ciudades de la América hispana. Madrid, Marcial Pons, 2006. – Rosas, Alejandro. “La gran inundacaión”, en www.presidencia.gob.mx/mexico

Autor comentario: Margarita Becedas González.