EL CIUDADANO DESPREOCUPADO

Sin periodicidad determinada, se editará en Sevilla en la imprenta de Padrino entre 1820 y 1823, constando en sus números sólo el año de su impresión. La escasa bibliografía que lo menciona atribuye su autoría a  José María Rodríguez Romero, al que  en algunos casos se considera  eclesiástico y capellán real de San Fernando y en otros  militar.

De orientación  conservadora, concibe la libertad de imprenta de manera muy restrictiva, afirmando que “aunque somos ciudadanos libres, no lo somos para publicar ideas antipolíticas, antisociales y anticristianas” y califica de quiméricas la libertad y la independencia que fundamentan el orden constitucional vigente. Su finalidad es oponerse a las propuestas reformadoras que se hacen en estos años, especialmente a las relacionadas con la Iglesia. Así consta ya en su primer número, de sólo 4 páginas, que tiene destinatarios concretos: se dirige a los futuros electores de los diputados a las Cortes, pidiendo que los elegidos miren siempre por la mayor gloria  de la religión y por la protección a la Iglesia e impidan que bajo pretexto de reforma se quite a Dios lo que le pertenece.

En la misma línea, el segundo número descalifica a los periodistas y especialmente al que bajo el nombre de Amante de la Constitución ha propuesto que por urgente necesidad se exija al clero un préstamo obligatorio, acusándole de tratar de destruir a la Iglesia y afirmando que el clero aporta más a la nación que las demás clases del estado.

Este número se reimprime en otras ciudades –Córdoba y Toledo- y su polémico contenido será contestado por la Sociedad Patriótica de Madrid, uno de cuyos fines será refutar las doctrinas opuestas al gobierno constitucional. Su informe concluye que la intención del impreso es libertar a la riqueza del clero de toda imposición, abogando por intereses propios y apoyándolos en datos erróneos. Para contrarrestar su influencia, dicho informe se remitirá a las sociedades patrióticas de las ciudades en las que el texto se imprime.

Este  mismo número será contestado también por otros escritos, lo que da idea de la agilidad de los debates políticos en estos años. Uno de ellos, muy extenso puesto que lo comenta frase por frase y editado en Madrid y bajo el nombre de “Paños calientes al autor del papel titulado El ciudadano despreocupado”,  dirá  que es “aplaudido por los serviles, despreciado por los liberales, elogiado por los tontos, impugnado por los bien intencionados, bostezado por los inteligentes, cacareado por los frailes, aplaudido por los canónigos, victoreado por los pancistas, distribuido por todas partes, comprado por los devotos y silbado por las sociedades patrióticas”.

El número 4 -incluido en esta exposición- es un ataque al periodista Argos que ha acusado a “El ciudadano despreocupado” de hablar contra la Constitución y un alegato contra la masonería a cuyos integrantes llama hombres corrompidos, hediondos y abominables. Asimismo el número 5 insiste en  su crítica radical tanto a la prensa como al programa político liberal y especialmente a las propuestas reformadoras de la iglesia que están defendiendo periodistas como Clararrosa y que incluyen el fin del celibato, la supresión de las órdenes mendicantes, la reducción de las rentas eclesiásticas  y la tolerancia hacia quienes profesan otras religiones.

 

 

Raquel Rico Linaje